Aragorn salió a conocer el jardín, los ruidos nuevos, los ladridos del barrio y los de su propio Frodo.
Todavía no le gusta nada eso de que Frodo ande a su alrededor. Pero el pobre gigantón sólo se acerca a reclamar mimos para él. Ni se fija en que haya un gato más o menos en su casa.