Mi princesita llegó resfriada y con conjuntivitis a casa. Por más que la tratamos, le quedó una secuela crónica: siempre anda con algún moquito y los días de mucho frío o humedad, también le llora un ojo. Por eso, desde que llegó el otoño, no la dejo salir más que las tardecitas de mucho sol. ¡Es una gata de interiores!